Mostrando las entradas con la etiqueta Donald Trump Presidente. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Donald Trump Presidente. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de febrero de 2017

Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense: Thierry Meyssan

Thierry Meyssan (18 de mayo en 1957, Talence-Gironda) es un periodista y activista político francés, autor de investigaciones sobre la extrema derecha, así como por su defensa de la laicidad de la República y sobre la Iglesia católica, entre otras. Es también presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace.  Meyssan es uno de los principales defensores de las teorías conspirativas sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuya autoría atribuye en su libro La Gran Impostura a una parte del complejo militar-industrial de los Estados Unidos. Establecido en Oriente Medio, se ha manifestado próximo a Hezbolá y a la Revolución islámica de Irán. Su portal de noticias alternativas La Red Voltaire, presenta análisis 'laterales' bastante lúcidos de los acontecimientos mundiales y el devenir de la historia humana a la luz del actual contexto político del planeta.

Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense

(Thierry Meyssan)


Modificando el sistema de gobierno establecido en 1947, el presidente Donald Trump publicó un Memorándum sobre la organización del Consejo de Seguridad Nacional y del Consejo de Seguridad de la Patria (Homeland Security).

El principio adoptado en el pasado consistía en manejar la «Seguridad Nacional» bajo la autoridad conjunta de la Casa Blanca, del Estado Mayor Conjunto y de la CIA, que fue creada en aquella época.

Desde 1947 y hasta el 2001, el Consejo de Seguridad Nacional fue el centro del Ejecutivo estadounidense. En su seno, el presidente compartía el poder con el director de la CIA –nombrado por él– y con el jefe del Estado Mayor Conjunto, seleccionado por sus pares de este órgano estrictamente militar. Desde el 11 de septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad Nacional se hallaba de facto bajo la supervisión del «Gobierno de Continuidad» de Raven Rock Mountain.

En lo adelante, a raíz de las decisiones de Donald Trump, el jefe del Estado Mayor Conjunto no estará sistemáticamente representado en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional. Sólo estará presente si el tema a discutir exige su presencia. Además, la CIA pierde el asiento que ocupaba en el Consejo de Seguridad Nacional, donde será eventualmente representadA por el director de la Inteligencia Nacional.

La CIA, que fue hasta ahora el brazo armado del presidente para la realización de las acciones secretas, finalmente se convierte en una agencia de inteligencia en el verdadero sentido de la palabra, o sea en una agencia encargada de estudiar los actores internacionales, de anticipar las acciones de dichos actores y de aconsejar al presidente.

Según un informe de su actividad anual, el Consejo de Seguridad Nacional ordenó en 2015 asesinatos políticos en 135 países.

Durante el periodo de transición y traspaso del poder, el presidente Trump anunció solemnemente que Estados Unidos ya no organizará cambios de régimen, como lo hizo o trató de hacerlo desde 1989 recurriendo a las técnicas de Gene Sharp, el fabricante de «revoluciones de colores».

El presidente Trump asignó además un puesto permanente en el Consejo de Seguridad Nacional a su estratega en jefe, en condiciones de igualdad con su jefe de gabinete.

La ex consejera de seguridad nacional de Barack Obama, Susan Rice, reaccionó duramente ante esos cambios a través de su cuenta de Twitter. La mayoría de los ex directores de la CIA también han saltado a la palestra para protestar.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Donald Trump: ¿el fin de la “globalización feliz”?

El reciente triunfo de Donald Trump en la elección presidencial de los Estados Unidos ha sido un verdadero electroshock político, no solo por su estilo radical de discutir y argumentar sus propuestas sino también por el giro inimaginable en el terreno de las ideas económicas, para alguien miembro de un partido conservador como el Republicano. En particular, nos referimos  a su discurso proteccionista y la crítica al proceso de globalización hasta aquí alcanzado. Proceso que se ha desarrollado como una apertura comercial (reducción de aranceles y eliminación de otras limitaciones al libre comercio) y liberalización de los movimientos de capitales.

Para Estados Unidos la libertad de comercio ha significado, entre otras cosas, una deslocalización  de empresas y de empleo, en particular  hacia México y China; es decir, donde existen salarios bajos y mano de obra bien formada, con lo que producen una parte importante para el mercado mundial. Todo lo cual ha creado una desindustrialización en el Medio Oeste del país, la que ha perdido más de la mitad de sus empleos industriales en treinta años, con un empobrecimiento de asalariados blancos, y que tradicionalmente en su mayoría votaban por el Partido Demócrata y ahora lo hicieron por Trump.

Hoy en día las grandes cadenas de producción industrial están fragmentadas e instaladas en varios países, esto ocurre en la economía estadounidense y también en la europea. Este es un dato de la realidad económica mundial desde hace veinte años. Gracias a ello también es necesario recordar la aparición de las economías emergentes de Asia y parcialmente de América Latina, que les ha permitido a algunos de sus países acortar la brecha de ingreso con los países desarrollados.

La propuesta  de Trump para abordar este tema es, primero, colocar un impuesto de 45% a las importaciones chinas (donde no se respetaría la propiedad intelectual y se manipula el tipo de cambio) y 35% a las importaciones de automóviles  mexicanos. Además, expulsar la inmigración sin papeles tanto mexicana como de otros países y que en su inicio tenía como meta 11,5 millones para el periodo de 10 años.

La segunda propuesta es una revisión o revocación de los acuerdos comerciales asumidos por Estados Unidos. En cabeza de la lista está el Nafta firmado en 1994 por Bill Clinton y que reúne a Estados Unidos, Canadá y México. Recientemente Trump volvió a reafirmar que no se ratificaría el Tratado Comercial con la zona Pacífico (TPP); se congelaría la iniciativa del tratado comercial de Estados Unidos y la zona Europea. Más aún, se propone, si fuera necesario, salirse de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que en una época fuera la principal promotora del libre comercio al nivel multilateral.
La paradoja es que el retiro de Estado Unidos del TPP abre hoy la vía a China para recomponer sus alianzas. Después de 8 años de discusión, el TPP llegó a representar un tratado comercial de última generación, donde la reducción de aranceles no era lo central, pues todos los concurrentes tenían por esta vía ya una baja protección. Más bien lo que se buscaba  era abrir los temas de las barreras no tarifarias, es decir, concentrarse en los temas que se juegan al interior de las fronteras nacionales, como la propiedad intelectual, el Código del Trabajo, el medio ambiente, y lo más escabroso: el uso de tribunales privados para dirimir litigios entre los Estados y las empresas multinacionales.

Respecto al abandono del Tratado Comercial con la zona Pacífico (TPP) compuesto para 12 países, que representan un tercio del intercambio comercial mundial, se inspiró en su origen en una visión geopolítica del gobierno de Obama que tenía por objeto elevar los estándares de comercio a China, a fin de limitar a futuro que ella  fije las reglas del comercio mundial.

La paradoja es que el retiro de Estado Unidos del TPP abre hoy la vía a China para recomponer sus alianzas. Después de 8 años de discusión, el TPP llegó a representar un tratado comercial de última generación, donde la reducción de aranceles no era lo central, pues todos los concurrentes tenían por esta vía ya una baja protección. Más bien lo que se buscaba era abrir los temas de las barreras no tarifarias, es decir, concentrarse en los temas que se juegan al interior de las fronteras nacionales, como la propiedad intelectual, el Código del Trabajo, el medio ambiente, y lo más escabroso: el uso de tribunales privados para dirimir litigios entre los Estados y las empresas multinacionales.

Ahora bien, ¿cuántas de estas propuestas planteadas por Trump son posibles de realizar? La subida de aranceles para México (80% de las exportaciones de México están destinadas a los Estados Unidos) y China supone un aumento de precios internos para Estados Unidos y represalias comerciales de los países afectados. ¿Iniciar una guerra comercial cuando el flujo de comercio exterior al nivel mundial pasa por sus más bajos niveles de crecimiento? ¿Por qué una revisión de los tratados o revocación de algunos o congelación de otros en curso tendría la aprobación del Senado de los Estados Unidos donde existe una mayoría del Partido Republicano que siempre ha estado a favor del libre comercio? Las respuestas a estas interrogantes solo podrán resolverse a partir del momento en que Trump asuma el ejercicio pleno como presidente, el 20 de enero del próximo año.

Sin embargo, el mérito del triunfo electoral de Trump es que por primera vez quedó en evidencia que una parte no menor de la ciudadanía norteamericana se siente excluida de los beneficios de la globalización y es crítica de ello. Hoy hasta el FMI llama a tener en cuenta los “efectos negativos” de la globalización. Esos efectos son muy conocidos, cuando no se toman medidas correctivas, pues con ellos se acrecientan las desigualdades y los sectores que crean más empleo son aquellos que pagan salarios más bajos (situación actual del mercado del trabajo estadounidense).

No obstante, ciertos países logran mejor que otros  protegerse de los efectos negativos de la globalización. Existe consenso de que ellos son los países escandinavos, todos los cuales están entre los más abiertos al comercio mundial, y son los que mejor enfrentan tales efectos. Se trata, en el fondo, de países que redistribuyen los frutos de la globalización por los impuestos y los servicios públicos. No es casualidad que en Estados Unidos los gastos públicos representen alrededor del 37% del PIB, contra más del 50% en los países escandinavos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

La decadencia de Occidente, Parte I

¿Asistimos al declive del sistema Occidental?


Trump Presidente
Contra todos los pronósticos, Donald Trump se corona Presidente de EE.UU.




Los medios siguen haciendo ruido, ahora preguntándose qué fue lo que sucedió, buscando con su mismo caótico discurso, reverberado de análisis y proyecciones inútiles que este año han fallado todas, ¡cómo es que se llegó a esto! Sandra Borda dijo que este ha sido el peor año para los politólogos, y con razón. Aunque yo agregaría a la benévola lista también a los periodistas, análistas de escritorio y hasta a ciertos futurólogos radiales de la Nueva Era; todos erraron el pronóstico y se ajustaron al más cómodo, al más evidente. Pero a veces las cosas del mundo no son tan evidentes y, justo en tiempos donde el caos y el desorden cabalgan con total impunidad, hacen falta verdaderos espíritus clarividentes que nos susurren nuevos motivos para calmar los nervios. ¿Y dónde están? De seguro en muchas partes, en las esquinas donde nadie observa, apenas asomados en las buhardillas silenciosas de sus habitaciones, en medio de torres de libros y gabinetes anónimos desde donde se escribe el mundo del futuro. 

Ganó Trump y punto. Ya hay suficientes lamentaciones en internet, y de sobra para el que quiera buscar. Cientos de análisis ya se han hecho después del pasado martes, intentando explicar lo que consideran una catástrofe. Y todos se han volcado a cifras, a un electorado que rumiaba en silencio un resentimiento tácito contra ocho años de un Presidente negro; al abandono de una población obrera, pobre y blanca, que después de la crisis de 2008 no había podido recuperarse; a un Establecimiento cada vez más despreocupado por la agenda doméstica y más concentrado en su política internacional y en los intereses de los Lobys; etc.

Pero, ¿qué es lo que está pasando en el mundo? Lo político parecer ser sólo una arista de algo más gigante, más profundo y más grave. Se trata de un problema estructural de todo el sistema, existen hondas fisuras que antes nadie veía o no quería ver. En medio de este caos planetario, donde parece que se alteró el orden del Universo, la lucidez es un síntoma de esa misma alteración. 

Estados Unidos era hace un par de décadas conocido como la economía modelo, la familia modelo, la cultura modelo, la Democracia modelo, en suma, el País Arquetipo. Todos creiamos casi religiosamente en el Sueño Americano que comprabamos tan gratuitamente en las series de televisión que nos traía su gran industria del entretenimiento, y en su aparato gigantesco y omnímodo de medios de prensa. Creíamos en un modelo, en SU modelo, que a la postre era el modelo que el resto del mundo, gustásenos o no, queriamos emular de alguna manera. Admiramos su industria, su ciencia, su cine, sus cohetes y aviones stealth, sus hamburguesas y restaurantes con su cartel "hágalo usted mismo". Elogiamos su hedonismo desproporcionado, sus grandes casas, su lujo, de consumismo y sus actrices porno.

Pues hoy ese modelo parece que está entrando en obsolencia. Trump parece ser la demostración última de un sistema en sus últimos momentos de agonía, tirando vanos intentos por perpetuarse, cuando ha llegado a su declinación. Que la que Tocqueville consideró la democracia más avanzada del mundo, esté a partir del 20 de enero de 2017 en manos, no sólo de un outsider sino de alguien con un cerebro peligroso, es un hecho profundamente sintomático. Pero hay que ver más allá.

Numerosos pensadores competentes han razonado sobre el fin del mundo como lo conocemos. Oswald Spengler, historiador alemán, en su provocadora obra El hombre y su Técnica, nos advierte con un pensamiento de acero:

Existe al fin una diferencia natural de rango entre los hombres que han nacido para mandar y los hombres que han nacido para servir, entre los dirigentes y los dirigidos de la vida. Esa diferencia de rango existe absolutamente; y en las épocas y en los pueblos sanos es reconocida involuntariamente por todo el mundo como un hecho, aun cuando en los siglos de decadencia la mayoría se esfuerce por negarla o no verla. Pero justamente ese contínuo hablar de la “igualdad natural entre todos”, demuestra un esfuerzo que se encamina a probar la no existencia de esa diferenciación. 

y precisamente, nos encontramos en una época donde esa diferencia está diluida, la frontera entre esos dos estados se desdibuja cada vez más. Todo parece empezar a nivelarse desde abajo, desde la masa, se trata de ponerlo todo al nivel del menos dotado. El pragmatismo, que en otros tiempos conformaba una corriente de pensamiento poderosa, que ayudó a forjar ese gran imperio norteamericano, hoy ha degenerado en una espantosa superficialidad que permea todos los centros: arte, política, religión, cultura, literatura. Ya no se reconoce una autoridad en casi ningún aspecto de la sociedad. Y por supuesto no se trata de un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos, lo estamos viendo en prácticamente todos los puntos cardinales del globo: Brexit, la victoria del NO en el Proceso de Paz de Colombia, la desastroza elección de Bob Dylan como premio Nobel de las Letras. Hay una franca alteración del orden natural, y ello es un síntoma nada alentador.

Ver más allá, ver en los detalles. ¿Tal vez ahí están las respuestas?

Por lo pronto lo único seguro que tenemos es que Donald Trump es el Presidente número 45 de Estados Unidos, y que lo logró contra todos los pronósticos. Ese es el escenario y la parte que vemos todos y la que nos provoca incertidumbre, angustia y hasta irritación, con un país del norte profundamente dividido, y en numerosas y crueles paradojas como telón de fondo. Pero, ¿qué hay trás ese telón de fondo? Y no se trata de poderosos lobys ni grupos secretos o absurdas e ingeniosas teorías de conspiración. Estamos seguros que hay algo detrás, algo más; hay una intuición de un problema secreto que se nos escapa de las manos como un jabón húmedo en la bañera, pero el jabón está ahí y debemos asirlo para comprender, al menos ya lo vemos, lo entrevemos, y eso en sí ya es una esperanza.

Nota: este artículo ha sido escrito por Preludio al Paraiso. Queda totalmente prohíbida su reproducción sin previa autorización. Para su réplica en medios audiovisuales, impresos u otro blog, escríbenos a preludioalparaiso@gmail.com

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Donald Trump es Presidente de Estados Unidos

—Hola profesor
—¿Con quién hablo?
—Soy yo profesor, Diana. ¡Donald Trump es Presidente de Estados Unidos!
—¿Me llamas a darme las buenas nuevas a las tres de la mañana? Debes saber que por esto podría darte una nota baja.
—Profesor, por favor, usted sabe que esto es importante. ¡Acertó! Trump es ahora el nuevo Presidente de Estados Unidos. ¿Qué haremos ahora?
—Tenía la esperanza de errar. Esto desata una tormenta sin precedentes en todas las cosas. Algo muy grave sucede. ¿Mañana lo discutimos en clase, te parece? Eres joven e idealista y eso está bien. Pero debes saber que el mundo en que vivimos ahora es diferente del que creciste, y será muy distinto del de los libros de historia que has leído. ¿Mañana lo hablamos, listo? Soy viejo y debo dormir. Tu has lo mismo, y tranquila, siempre hay una salida, siempre la ha habido desde tiempos inmemoriales, aún hay esperanza. Qué descanses.
function cambiarModo() { var cuerpoweb = document.body; cuerpoweb.classList.toggle("oscuro"); }