lunes, 24 de julio de 2017

EL REY SALOMÓN Y LOS DEMONIOS DEL ABISMO

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Salomón fue un Rey sabio y un mago que hizo desfilar a diversos demonios ante él, y posteriormente les ordenó tareas específicas que realizarían para la consumación de la construcción del Templo de Dios en Jerusalén, un tabernáculo dedicado a su dios Jehová.

El Testamento de Salomón es considerado un texto apócrifo del Antiguo Testamento de la biblia hebrea. La época de estos registros es inciertas pero se considera que fueron escritos entre el siglo 1 a.C., y el siglo 5 d.C. Fueron compuestos originalmente en el idioma griego, pero su origen parece ser de judeocristiano.

Se trata de literatura que abarca desde temáticas teológica, mágica, astrológica, y demoníaca, procedentes del cristianismo, judaísmo, y la mitología griega.

Este Testamento fue traducido de la Clavícula hebrea antigua al latín por el Rabí Abognazar, que lo llevó a la ciudad de Arles, Provenza, cayendo en manos del Arzobispo de Arles, quién lo tradujo a lengua vulgar, sin cambiar ni añadir nada a la traducción original proveniente del hebreo.

De la biblia hebrea se le atribuye al Rey Salomón la autoría de los textos evangélicos reconocidos como Libro de Eclesiastés, Libro de los Proverbios, y también Cantar de los Cantares.

La última obra se escribió en griego en torno al año 452 d.C., y existieron varios manuscritos y versiones de la obra de Salomón que llevó a este Rey de Israel a su gran fama, y que posteriormente fueron llevados con los libros prohibidos, las Clavículas de Salomón y Pequeña Clave de Salomón, y que trataremos aquí en un breve resumen de los sucedido, quedando de la siguiente manera:

Tipos de demonios que se presentaron ante Salomón.
Solicitud a Dios para poseer sabiduría.
Mandato de Dios, el Testamento de Salomón y los Demonios.
Decadencia, la Reina de Saba-Sheba y la muerte de Salomón. 

Tipos de demonios que se presentaron ante Salomón.


Según el Testamento de Salomón, los demonios que se desplegaron ante el Rey Salomón se avenían a la auto definición como criaturas que huyen de la luz del día y son invisibles para los humanos, como los que viven en el fuego del inframundo, los que viven en las sombras y que presencian los crímenes y demás actos inmundos, los demonios del destino, los Íncubos y Súcubos, las cuadrillas demonios que vagan como ejércitos, como los demonios familiares o exhumamos, como los demonios que nacen de la unión con humanos y otros criaturas demoníacas, como los demonios mentirosos y perversos que adoctrinan mentes, como los demonios que atacan a los humanos puros o santos, y como los demonios que seducen a las mujeres para llevárselas al Sabbath o luna llena.

Pero según las Claves de Salomón, Dios le previene y le dice:

“No pienses, oh hijo mío, que no se te permitirá ganar con la buena fortuna y felicidad que los espíritus divinos puedan traerte; por el contrario, les proporciona gran placer hacer servicio a los hombres, para quien muchos de estos espíritus tienen gran afinidad e inclinación, habiéndolos destinado Dios para la preservación y guía de las cosas terrenas que están sometidas al poder del hombre.

Hay diferentes tipos de espíritus, de acuerdo con las cosas sobre las que presiden: algunos de ellos gobiernan los Cielos Celestiales o paradisíacos, otros el cielo estrellado, las estrellas; hay también espíritus del cielo de Saturno, a los que yo llamo saturninos, y también en los cielos de Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, y la Luna, que son los los que yo llamo jupiterinos, marcianos, solares, venéreos, mercuriales y lunares; existen espíritus tanto en los mundos como en el cielo; existen unos en la región del fuego, otros la región del aire, otros en la región del agua, y otros sobre la Tierra, y todos pueden servir al hombre para que tenga la buena fortuna y entender su naturaleza, y también saber cómo atraerlos.”

Salomón le indica a su hijo Roboam: “Deseo hacerte entender que Dios ha destinado a cada uno de nosotros un espíritu, que nos vigila y tiene cuidado de nuestra preservación; éstos son llamados Genios, que son elementales como nosotros, y que están más dispuestos a prestar servicio a aquellos cuya naturaleza está formada por el mismo elemento que el humano que estos genios habitan; por ejemplo, si fueras tú de temperamento fogoso, es decir, sanguíneo, el genio sería de la naturaleza del fuego, y estaría sometido al imperio de Bael.” 

Solicitud a Dios para poseer sabiduría.


Cuando era joven Salomón había rogado a Jehová para que le proporcionase Sabiduría, y según 1Reyes 3:5-9: sucedió que “Yahvé se le apareció a Salomón… y le dijo: Pide lo que quisieres que yo te dé. Y Salomón dijo:… Da pues a tu siervo un corazón dócil para juzgar a tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo [para poder gobernar….”

En las Claves de Salomón, éste le dice a su hijo Roboam: “Cierta noche, cuando me acostaba a dormir, invoque al más santo nombre de Dios, Iah, EA, y rogué por la sabiduría inefable, y cuando empezaba a cerrar los ojos, el ángel del Señor, el mismo Homadiel, apareció ante mí, me habló muchas cosas cortésmente, y dijo “Escucha, Salomón la oración ante el Altísimo no es en vano, y como tú no has pedido larga vida ni grandes riquezas, ni las almas de tus enemigos sino sabiduría para impartir justicia, esto dijo el Señor De acuerdo con tu palabra, te he dado un corazón sabio y comprensivo, de tal manera que antes de ti no hubo ninguno igual, ni surgirá uno igual en lo futuro.”

¿Qué sabiduría exhortaba?

La invocación la realizó al Dios Shaddai, Elohim, Elohi, Tzabaoth, Elim, Asher, Eheieh, Yah, Tetragrammaton –YHWH-, Shaddai, que significa Dios el Alto y Poderoso, y también es “Jehová de los ejércitos, EA/ENKI, el dios del agua, el Dios de Israel, sentado sobre los querubines.

Según 1Corintios 2:6-8: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, de sabiduría oculta,…la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor…” 

Mandato de Dios, el Testamento de Salomón y los Demonios.


Aunque el texto está redactado íntegramente en primera persona, transcurrirá entre primera y segunda persona, con el principal fin explicativo de conceptos y situaciones más generales.

Cuando fue más adulto el Rey Salomón, y siguiendo la Ley-decreto de Dios Jehová, que le encomendó la construcción del Templo de Jerusalén, o Tabernáculo de Dios, para que fuera el lugar donde permanecería el Arca de la Alianza.

El Testamento de Salomón, o últimas palabras del Rey Salomón, se extrajeron del códice de la Biblioteca de París, y comienza de la siguiente manera:

Testamento de Salomón, hijo de David, que era el Rey en Jerusalén, que domina y controla todos -los espíritus- del aire, en la tierra, y debajo de la tierra, y por medio de ellos también he forjado las obras del Templo. Decir también que las autoridades que ejercen contra los hombres, que son estos demonios, y son ángeles caídos.

He aquí, cuando el templo de la ciudad de Jerusalén se estaba construyendo, y los artesanos estaban trabajando en su construcción, que entró el demonio Ornias entre ellos hacia la puesta de sol, y al hijo del jefe de los maestros artesanos le comenzó a quitar la mitad de la remuneración, la mitad de su comida, y también chupó energía de su dedo pulgar de la mano derecha cada día. Entonces el niño crecía delgado, aunque fuera muy querido por el rey.

Entonces el Rey Salomón llamó al chico un día y lo interrogó, diciendo:

¿Es que no te gusta estar con todos los artesanos que están trabajando en el Templo de Dios? ¿Es que no te dan el doble salario y un doble suministro de alimentos? ¿Cómo es lo que día a día y hora por hora tú adelgazas tanto?

Y el niño dijo al rey: “Ruego por ti, oh rey. Escucha lo que ha ocurrido. Después de que todos estamos libres de nuestro trabajo en el Templo de Dios, después del atardecer, cuando me acuesto para descansar, uno de los malvados demonios viene y me quita de la mitad de mi sueldo y la mitad de mi comida. Luego, también se apodera de mi mano derecha y chupa mi pulgar. Y he aquí, mi alma está oprimida, y por eso es que mi cuerpo se queda más delgado cada día.”

Salomón entró en el Templo de Dios, y rezó/meditó noche y día, para que ese demonio Ornias fuese entregado a sus manos, y pudiera tener autoridad sobre él.

Y sucedió a través de mi oración que la gracia que me fue dada por el Señor Dios Sabaoth por su arcángel Miguel.

El Arcángel Miguel le trajo a Salomón un anillo que tenía un grabado de piedra, y me dijo: “Toma, oh Salomón, rey, hijo de David, el don que el Señor Dios ha enviado a ti, el más alto Sabaoth.

Con que has de bloqueo de seguridad de todos los demonios de la tierra, hombres y mujeres, y con su ayuda has de construir Jerusalén. Pero tú debes usar este sello de Dios. Y de esta grabado el sello del anillo se te envió un Pentalpha. “

Salomón fue al niño y le dijo:

“toma esto, y en la hora en la que el demonio vendrá a ti, arrójale este anillo en el pecho del demonio, y debes decir este conjuro: “En el nombre de Dios, el Rey Salomón te pide tu presencia”.

Se llegó el demonio Ornias ante el niño y este tomó el anillo, y se lo lanzó al pecho tal como le dijo Salomón, y he aquí, Ornias, el demonio feroz, llegó como un fuego ardiente. Pero el demonio gritó en voz alta, diciendo: “Niño, ¿por qué has hecho esto a mí?

Y el niño se lo llevó al Rey Salomón diciéndole: “He traído el demonio, oh rey, como tú me has comando, oh mi capitán. Y he aquí, él está ante las puertas de la corte de tu palacio, gritando, y suplicando a gran voz, y me ofrece todo el oro y la plata de la tierra si yo le libero.

Salomón se levantó de su trono, y se fue fuera en el vestíbulo de la corte de su palacio, y allí vio el demonio, estremecimiento y temblor. Y él le dijo: “¿Quién eres?” Y el demonio respondió: “Me llamo Ornias“. Este demonio también le dijo que vivía en la Constelación de Acuario, y que se la conocía como la “llama ardiente o fuego ardiente”.

Ornias era un demonio que rogó por él a Salomón pidiendo su libertad, proponiéndole traerle ante él a todos los demonios del inframundo si le dejaba libre; Salomón le pidió al Arcángel Uriel para que le ayudase con este asunto e inmediatamente bajó de los cielos y se puso frente a Salomón. Entonces ordenó el Arcángel a “todos los monstruos marinos” para que saliesen del “abismo”, y se sometieran al Rey Salomón.

Génesis 1:20. “Y creó Dios los grandes monstruos marinos (dragón del mar) y todo ser viviente que se mueve, en las aguas según su género, y toda ave según su género.”

Salmos 148:7. “Alabad a Dios desde la tierra, monstruos marinos de todos los abismos.”

Job 07:12. ¿Soy el mar, o el monstruo marino de las profundidades que me puso bajo vigilancia?

En los textos apócrifos de 2 Edras 6:48-52, 1 de Enoc 60:7, confirman que estas criaturas eran con forma de Serpiente o Dragones:

“En el tercer día. El agua muda y sin vida no había producido seres vivos ya que se mandó que, por tanto, las naciones de las estrellas podían declaran sus maravillas. Entonces tú guardaste en existencia dos seres vivos; el llamado Behemonth, y la llamada Leviatán.

Y se dio a Behemonth Enoc una de las partes de la Tierra que se había secado, el tercer día de la creación, para que viviera allí, donde hay un millar de montañas; pero Leviatán, que se le dio la séptima parte acuosa.

En el Quinto día. Dijístes a la séptima parte, donde se amontonaron las aguas que diesen criaturas vías, Aves y Peces, así sucedió.

En el Sexto día. El mandamiento distes a la Tierra que antes de que te diese bestias, ganado, y animales que se arrastran, y después de ellos también Adán, a quien tú afirmaste Señor de todas las criaturas, y de él viene todo.”

–Ornias que era una criatura con alas y cara como de león, Salomón lo colocó para que trabajase las piedras del Templo de Dios, y le ordenó que le trajese ante él al Príncipe o Gran Rey de los Demonios, a Beelzebú, un ángel caído, un ángel de la más alta clasificación, el primer ángel del primer cielo que vive en la “estrella de la tarde”, “el lucero del alba”, que es el planeta Venus. Ornias fue en búsqueda de Beelzebú, y lo encontró en su trono, entonces le lanzó el anillo contra su pecho, y este lanzó un poderoso “rugido” y una gran llama de fuego, quedó atrapado por el conjuro y siguió a Ornias hasta presentarse ante Salomón.

(El dios Quetzalcóatl era denominado “el señor de la casa del amanecer”; en la mitología eslava el Dios Zorya también se le denominaba igual; en la biblia aparece como “la estrella de la mañana que designa a Lucifer, Beelzebú, el Querubin desterrado del cielo, según Isaías 14:12; pero en general corresponde al planeta Venus, la denominación del “lucero del alba”; este demonio instigaba y despertaba en los hombres los deseos de la guerra)

-A través de Beelzebú, el Rey Salomón reclamó la presencia de todos los principales demonios, y uno a uno, incluido a Beelzebú, los colocó como trabajadores suyos en el Templo de Jerusalen.

Salomón les realizaba un pequeño interrogatorio con el fin de saber sobre sus obras o trabajos, las enfermedades que envían contra los hombres, las cosas secretas que conocían, qué les unía entre ellos, y les explicaba la forma que iban a ser sometidos.

Salomón interroga a Beelzebú y le pide ver a todos los principales demonios, y éste se comprometió a llevárselos ante él, uno a uno, a todos los “espíritus inmundos” o demonios.

Beelzebú le dijo a Salomón:” Yo estoy a la izquierda de los ángeles del cielo que fueron caídos a la tierra. Y ahora controlo a toda la humanidad que está vinculada con el Tártaro, inframudo, hades, y también acompaño a los “impíos” y los atormento en el Mar Rojo. Yo soy el rey, y traigo la destrucción por medio de los tiranos, y mis propios demonios me veneran como un dios, igual que los hombres. Pero los siervos escogidos por dios, sacerdotes, hombres fieles, se les excitan con malvados deseos de pecados, herejías, y el mal, al margen de la Ley, y de los hechos, y se me obedece, y ellos llevan la destrucción. Me inspiran los humanos con envidia, voluntad asesina, guerreros, sodomías, y otras cosas de maldad. Yo voy a destruir el mundo porque yo traigo la Destrucción.”

Salomón le preguntó entonces a Beelzebú si habían mujeres entre los demonios, y este le dijo que sí, entonces le pidió conocer a alguna, y Beelzebú Salió velozmente y le trajo a la mujer demonio llamada Onoskelis, un espíritu inmundo que vive en Saturno, y desde allí vigilan la Tierra. Vive en una gran cueva subterránea, pero frecuentemente va a los precipicios, los subterráneos, y los barrancos. Ante los humanos se aparece como mujer bella, y estos le veneran y le procesan culto sin saber el daño que se hacen a sí mismos. Ella es reina del lugar.

(Onoskelis tiene piernas de mula y cuerpo de humana, y también es conocida como Empusa)

Luego fue llamado el demonio Asmodeo, quien dijo que nació de la semilla de un ángel celestial y una hija del hombre, y nació en la tierra. Este demonio vive en la estrella brillante del cielo llamada Osa Mayor.

Luego fue reclamado el hijo de Beelzebú que vivía en el Mar Rojo, pero como se negó a traerlo, trajo finalmente al demonio llamado EPHIPPAS de arabia, el viento del demonio, fue obligado a ascender desde las profundidades del mar hasta Salomón.

Ephippas era el llamado “la estrella de la noche”, el 644 por los hebreos, y entre los griegos fue llamado Emmanuel, y por los romanos Eleéth.

Se llegó velozmente otro demonio llamado Tephras, diciendo que eera el espíritu de las cenizas y traía la oscuridad a los hombres, porque prende fuego a los campos y casas. Se sitúa en las esquinas de las casas. Reside en las puntas de los cuernos de la Luna, y en el sur, y no es su estrella. Con muchos nombres le oraban, como por ejemplo Bultala, Thallal, y Melchal, y les cura.

Se acercaron entonces Siete demonios espíritus que decían ser los 33 elementos cósmicos de la oscuridad. Tienen nombre de diosa, y en ocasiones viven también en el Olimpo de los Dioses, en una gran montaña. Las Pléyades.

Job 31:38. “¿Puedes tú obligar a la agrupación de las Pléyades?”

Efesios 6:6-12. “Nuestra lucha no es contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra los poderes, contra el mundo de los gobernantes de la Oscuridad.”

Llegaron muchos más demonios, y finalmente se acercaron ante Salomón:

Un demonio Dragón de tres cabezas con cuerpo de humanoide y forma dragón que tenía cresta sobre su cabeza y era el jefe de los dragones. Este enseñó a Salomón el Oro escondido. A este demonio Dragón se le conoce como un Buda que vive cerca del Gólgota, e intervino en la leyenda de Adán.

También apareció otro demonio con forma de Perro grande que le mostró el terreno montañoso donde estaba una piedra verde que serviría para adornar el Templo de dios. Este demonio se llamaba Rabdos Sceptre.

Luego apareció otro demonio con forma de León rugiente.

Después se llegó un Dragón con alas llamado Bazazeth, y una diosa mujer que vivía en la Luna, y está sentada en el tercer cielo.

Entonces se le acercó el demonio Enépsigos que le profetizó (profecía Lactantius) a Salomón lo siguiente sobre su reino:

“Después de un tiempo tu reino se romperá y será dividido el templo, y todo Jerusalén por los Reyes persas, medas, y caldeos. Y el templo que tú haces será sometido a servidumbre para uso de los dioses, y junto a ellos todos los tesoros serán distribuidos en las manos de los hombres. Y luego vamos a ir con gran poder, aquí y allá, y se difundirán por todo el mundo. Y extraviaremos el mundo habitado por largo tiempo, hasta que el Hijo de Dios se extienda sobre la Cruz. El nombre y su número será el 6442 que es Emmanuel. Por lo tanto Salomón tu tiempo es malo y corto, y el mal y tu reino deberá ser destruido.”

Después de este demonio se llegaron muchos más y a todos Salomón entrevistó, y los ordenó en labores para el Templo de dios. 

Decadencia, la Reina de Saba y la muerte de Salomón.


Y el reino de Salomón fue próspero y su ejército con él. Y Jerusalén tuvo descanso, placer, y alegría. Y todos los reys de las tierras colindantes vinieron ante Salomón, inclusive desde los confines de la Tierra, incluida la Reina del Sur, que conocida como gruja, la Reina de SABA; todos ellos para contemplar el Templo de Dios, cubierto con oro, piedras preciosas, bronce, plomo, hierro, y troncos del mejor cedro.

La Reina de Saba era hija de un jebuseo, la hija del Faraón Namah Roboam Menelik I, la reina Hatshepsut que se convirtió en la reina de Sheba, y se caracterizaba porque su pueblo adoraba al Sol, de la cual se enamoró a pesar de tener infinidad de esposas y concubinas, y le pidió matrimonio, pero los familiares de Saba se opusieron porque no adoraba a sus dioses Baal, Remphan y Moloc, alegando que eran los dioses de sus antepasados. Salomón se negó a la adoración de dioses extraños.

Pero sucedió que poco tiempo después su amada Saba le envió cinco langostas, a través de su mensajero personal, para que las matase en sacrificio en nombre del Dios Moloc, y Salomón así hizo.

Desde ese sacrificio la gloria de dios se apartó de Salomón, y lo dejó sin sabiduría, volviéndose débil y tonto mental. Entonces su esposa le obligó a construir Templos a sus dioses Baal, Remphan y Moloc. El espíritu de Salomón se comenzó a encoger en sus misterios y perdió su poder y gloria.

Según el Corán SURA 34, ALEYA 14: “Cuando la muerte de Salomón nada mostró su muerte salvo un pequeño reptil de la Tierra que roía sus ropas.” (Otras Suras dicen gusano) “Y cuando cayó a las profundidades, los Genios de la Tierra conocieron lo oculto.”

Fuentes y Referencias:

Antiguo Testamento Pseudepigrapha ols. 1 – 2. Editado por James H. Charlesworth en 1983, y reeditado en 1985. Son dos volúmenes de textos apócrifos del Antiguo Testamento que muestra el desarrollo del judaísmo, y las raíces de la religión cristiana. Documentos antiguos judíos cristianos llamados Pseudepigrapha que hablan de la problemática del AT de la biblia.
El Testamento de Salomón. Traducido del códice de la Biblioteca de París, después de la edición de Fleck, Wissensch. Reise, bd. ii. abth. 3.
Del manuscrito Lansdowne 1203, Las verdaderas clavículas de Salomón, traducidas del hebreo a la lengua latina por Rabí Abognazar’.
Versos del Corán que tratan del Testamento del Rey Salomón en las Suras 21, Aleya 81-82; Sura 27, Aleya 17-39; Sura 34, Aleya 12-14.
Profecía Lactantius, Intit. Div. Lib.iv.c 18 del apócrifo del libro de Salomón.

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