miércoles, 29 de marzo de 2017

'Cogito, ergo ¡Pum!'

Orlando Sierra Hernández (1959-2002) Periodista colombiano, Licenciado en Filosofía por la Universidad de Manizales y subdirector del diario La Patria de la misma ciudad. Escribía en el mismo diario su columna 'Punto de Encuentro' desde donde denunciaba las practicas corruptas y electoreras de la clase política tradicional de su ciudad y departamento. Fue un lector compulsivo y un eterno aspirante a escritor, que tuvo en su haber un centenar de poemas y cinco novelas inéditas. Murió el 1 de Febrero de 2002. Desde Preludio al Paraiso, queremos ofrecer un humilde homenaje a su faceta de escritor, poeta y novelista, reproduciendo este artículo escrito en la revista CROMOS con motivos de los diez años de su asesinato.

 'Cogito, ergo ¡Pum!'


Me estoy acordando hoy más que nunca de una frase célebre, pronunciada por una condesa italiana al enterarse de que Benito Mussolini, el Duce, había determinado que su país entrara en la guerra. Me refiero a la Segunda Guerra Mundial, claro. “Si aquí no nos damos prisa en perder, va a ocurrir una catástrofe”, dijo la buena señora. Pues bien, pasa igual en esta charca estancada que es Caldas.

Si los de la oposición siguen por sus fueros, mal van a parar sus huesos, que acá eso de dar batalla se paga caro. De manera que el asunto se resuelve más fácil si se dan a la tarea de perder rapidito y dejan de hacer sudar la gota gorda a los poderosos; así se ahorra la catástrofe: no ver la honra hecha una cochambre y desollada viva toda aspiración. Ahí está el caso, para no ir muy lejos, de Luis Alfonso Hoyos. Desafió a los dioses del olimpo político de esta tierra y terminó en la hoguera crepitante de la coalición. Quemado, y con leña verde.

Y es que acá tomar partido por el bien, es estar fuera de onda. Si Galileo Galilei fue reo de haber visto girar la tierra en torno al sol, según dice el poeta José María Valverde; acá sucede otro tanto: la oposición es rea de levantisca, de querer cambiar este baile que vienen bailando la misma pareja hace 30 años. Para la coalición, el infierno son los otros, de modo que hay que ponerlos en la parrilla, a que se asen en sus jugos por irreverentes. ¿Qué se han creído?

Por supuesto que me ha dolido lo que le sucedió a Luis Alfonso Hoyos. Creo en su honestidad; aunque es inobjetable que se equivocó, así fuera por hacer un favor y que ello le ha costado la cadena perpetua de la muerte política. Su equivocación es sin duda ínfima frente al rosario de pecados de algunos de sus detractores; pero ella ha bastado para pasarle la cuenta de cobro por ser el chico difícil de nuestra política doméstica; por porfiar en la oposición en vez de aceptar algunas migajas de los dueños del poder.

Su muerte política, cambia el mapa electoral de Caldas. La coaliuentroción de Yepes y Barco ya no tiene mucho de qué preocuparse, por ahora. Con Hoyos se han cobrado la pieza mayor en su cacería de opositores. A la oposición, cuando se le desprecia, hay que comprarla, doblegarla o liquidarla. Esto último, claro, no como antes: el matón, el tiro en la nuca, el chorro de sangre y la huida en la moto. Eso es arcaico en política. Una demanda hecha con filigrana, una interpretación magistral de los magistrados y al asfalto, chico. Fuera contigo. Te vi estorbo.

En un graffitti, en Europa, un ángel del buen humor transformó la célebre sentencia del filósofo Descartes, “Cogito, ergo sum” (pienso, luego existo), por “Cogito, ergo ¡pum!”, para significar el riesgo que representa ir contra la corriente. (Pienso, luego ¡pum!) ¡Pum! A callar, chitón, a lo tuyo capullo, a otra cosa mariposa. ¡Pum! ¿Dios mío, por qué no me hiciste, como a tantos de esta tierra, un poco más cobarde y resignado? Yo también, lo confieso, le temo al ¡Pum!

Pero al margen de disquisiciones personales, vaya una rápida explicación política de lo que sucede. En política nada es inocente. El caso es que acá las acciones de la coalición venían a la baja. ¿De dónde sacar otro Luis Alfonso Arias de bolsillo para oponerle a Hoyos en el 2003? Difícil tarea. Por eso lo mejor era dejar cuanto antes fuera de combate a la piedra en el zapato, de modo que no tuvieran sobresaltos en el futuro, tal y como lo tuvieron el año pasado.

Sucede que con el achique burocrático ordenado por la Ley 617, el antiguo solomo de los puestos es hoy huesito de nada, y por tanto ya no gancho electoral. De ahí el ansia de los políticos tradicionales por abrirse paso en la llamada democracia social: las universidades, las acciones comunales, Confamiliares, las ligas deportivas, las asambleas de dueños de propiedad horizontal (hay porteros que colocar), etc. quieren establecerse allí para contrarrestar lo perdido en la administración, de cuyas generosas ubres se amamantaron siempre.

Norberto Bobbio, el gran teórico político, refiere esta práctica en el libro “El futuro de la democracia”. De modo que la apuesta de los politiqueros es acaparar todos los espacios posibles donde haya algún presupuesto (Confamiliares, la Universidad de Caldas, etc.) y algunos puestos. Y para que la cosa salga redonda, ¡Pum! a la oposición, ¡Pum¡ al pensamiento; ¡Pum! a las disidencias; ¡Pum! a quienes quieren sobresalir al margen de los Barcos y los Yepes y los Tapasco y hasta la nueva casta de la élite política, los Jaramillo, o las Jaramillo de Supía. ¡Pum! ¿Será que nunca les va a salir el tiro por la culata?

ORLANDO SIERRA HERNÁNDEZ
Columna publicada el 12 de agosto de 2001 en el diario La Patria, de Manizales

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